Hoy he pinchado. Esta mañana, cuando ya estaba a puntito de llegar al trabajo, un motorista me ha avisado de que tenía la rueda delantera derecha pinchada. Lo primero que he pensado es “Ya esta, este es el ladrón del que me han avisado tantos emails”, pero no, porque el buen hombre se ha ido tal como ha venido.

Total, que aparco, y efectivamente, el neumático pinchado, soltando aire con un terrible siseo que a mi me sonaba más bien a monedas cayendo una tras otra, en previsión de la astillada que me espera en el taller. Y esto me ha hecho recordar que hace un par de años se me pincharon misteriosamente las dos ruedas de atrás, y hace unos cuantos años más se me pinchó otra del coche de mi madre… ¡Y todas ellas por clavos!

Por lo visto es muy habitual, encontrarse un clavo en el neumático, pero no un clavito, sino un pedazo de clavo de 10 cm, y en una de las ocasiones tenía ¡2 clavos en la misma rueda! ¿Cómo puede ser? Cuando yo voy por la calle no veo clavos de 10 cm tirados por el suelo, y mucho menos en pié, listos para hincarse en el primer neumático que les pase por encima.

El caso es que a día de hoy nadie me ha sabido proporcionar una respuesta mas o menos verosímil de porque hay tantos casos de pinchazo por clavo, salvo aquella leyenda urbana que cuenta que los malignos dueños de talleres mecánicos se dedican a clavarlos en las ruedas de los coches aparcados, durante la noche, para asegurarse la clientela. ¿Será verdad? Una cosa es segura, a mi si que me la van a clavar esta tarde…

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Resulta que el TechnoViking, héroe de Youtube del pasado mes, no era alemán como decían las malas lenguas. En realidad es de Castellón, se está preparando para participar en el Grand Prix de Verano 2008 y se llama Fulgencio.

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Estás en un barco que está a punto de hundirse, pero ¡Sorpresa! ¡No hay chalecos salvavidas para todos! ¿Solución? Está claro, te acercas a la tía más buenorra del barco, y con toda la tranquilidad del mundo le quitas el suyo. Lo más probable es la señorita en cuestión te diga algo como:

- ¿¡Pero que coño haces cabronazo!? No me quites el chaleco, ¡Desgraciao! Trae pacá…

Pero no, los guionistas de Shark Attack 3 pensaron que lo más normal es que la mujer suelte un simple y conformista ¿What? Total, la señorita ya lleva un par de flotadores de serie. Y sin mediar palabra, el tio se lanza por la borda… ¡Para encontrar la muerte más ridícula que jamás he visto en una película! Os reto a superar mi hallazgo

Esta joya es de la película Shark Attack 3, que muchos consideran la peor película de la historia, aunque viendo escenas como estas queda claro que no lo es.

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Renfe, Railway to Hell

Written by Buceante in consumismo

Barcelona se está acercando a pasos agigantados al tercer mundo, y tal como decían esta mañana en Europa FM, ¡África empieza en Barcelona!

Leo que el Gobierno, consciente de la leve molestia que supone dejar a casi 700.000 personas sin tren a sus puestos de trabajo, ha decidido no cobrarles por llevarlos en autobús a la ciudad. ¡Muchas gracias señores! ¡Asi da gusto usar el transporte público! Lo que tendrían que regalar, en vez de billetes de autobus, es esta camiseta:

Podéis encontrarla en ShirtCity (no confundir con ShitCity) por 12.95 €.

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7. Bucear entre tiburones

Me encanta bucear, tanto a pulmón como con botellas de aire. Desde pequeño ya sentí la llamada del mar y apasiona todo lo que esté relacionado con estar sobre o bajo el agua. Hay muchas inmersiones que quiero hacer antes de morir: barcos de guerra, cuevas (aunque me dan un miedo atroz), arrecifes… pero de todas ellas hay una que me parece fascinante: bucear entre tiburones, blancos a poder ser.

Hay muchas empresas que se encargan de llevar a los buceadores hasta puntos donde suelen estar los grandes Tiburones Blancos y bajarlos bien protegidos dentro de una jaula de acero, no vaya a ser que al escuálido le de por probar que tal sabe la carne de dominguero. Estas expediciones se hacen en varios lugares del mundo: Sur África, California, las Bahamas, Isla Guadalupe… y por lo que he leído, a día el único daño que han sufrido los que lo han realizado son las quemaduras solares.

Estos animales, pese a su tremenda energía muscular, son de movimientos lentos y majestuosos cuando nadan junto a las jaulas. El Tiburón Blanco más grande del que se tiene constancia medía 9’8 metros (la longitud de un pequeño autobús), por lo que pese a las barras de acero, la adrenalina está más que asegurada. He buceado ante barracudas de tamaño medio y uno ya nota los pelos intentando ponerse de punta bajo el neopreno, por lo que estar a escasos centímetros del depredador más grande del planeta debe ser algo impresionante.

Estas expediciones no son baratas: oscilan los 2000 € o más, por lo que es uno de esos sueños que está archivado en la carpeta de cosas que haré cuando me toque el Euromillones. Más información Aquí.

La lista se va completando:

10. Un safari en globo por África

9. Desconectar del mundo en una isla del Pacífico

8. Caída libre desde 4000 metros

7. Bucear entre tiburones

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Los niños de hoy en día deben crecer apoyardados, viendo shows tan ridiculos como Los Lunnis, los Teletubbies o los absolutamente despreciables Algos, que protagonizan los espacios infantiles de la Cuatro. Estos espacios muestran un mundo donde todos los seres son felices, donde los animales hablan y se quieren entre ellos. Hasta las flores cantan. Como yo digo… apoyardados perdidos.

Menos mal que está aqui Gali, el cocodrilo simpático, para enseñar a los niños de que va realmente la naturaleza:

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Tengo que admitirlo: cuando veo que están dando una corrida de toros en la tele, deseo que el toro le de una buena cornada al torero, por eso de pagarles con su propia medicina. Y es por ello que me ha encantando descubrir un héroe de cuatro patas que se cobró un buen puñado de huesos y orgullos rotos: Bodacious, el toro más duro de la historia del Bull Riding, también conocido como Rodeo.

Bodacious, un toro de la raza Charbray, nació en 1988, y pronto se convirtió según palabras de los Cowboys más famosos del mundo, en “El toro más malo que jamás ha existido”. Bodacious se ganó la fama de invencible a pulso: su tremenda energía y ferocidad, junto con los impredecibles movimientos que realizaba, convertían en muñecas de trapo incluso a los campeones mundiales de Bull Riding.

Bodacious tenía especial habilidad para golpear cabezas y hacer daño. Mucho daño. Uno de los pocos que consiguió aguantar sobre el toro durante los 8 segundos necesarios para ganar, Tuff Hedeman, lo comprobó al montarlo por segunda vez en la Final Profesional de BullRiders de 1995: Bodacious le destrozó la cara y le mandó directo al hospital. Hedeman pasó 6 horas en el quirófano, donde los doctores realizaron cirugía reconstructiva para recomponer todos sus huesos faciales rotos, y le implantaron 6 placas de titanio de refuerzo. A Hedeman le tocó volver a montar al toro meses después, pero se negó y fue descalificado.

En el mismo evento donde Hedeman fue descalificado, otro intrépido Cowboy, Scott Breding, intentó montar a Bodacious con una máscara de Hockey, como medida de seguridad. En dos segundos y medio, Bodacious lo dejó inconsciente de un lomazo. Resultado: incluso llevando una máscara de Hockey, Breding se fue al suelo con los huesos de las cavidades oculares rotos.

Un día después de esta última victoria de Bodacious, la liga de Rodeo decide jubilarlo anticipadamente, cuando tiene tan solo 7 años. Bodacious pasó el resto de su vida como estrella mediática, viajando a las principales ferias de ganado del país, protagonizado un programa de records de la cadena Fox, siendo el invitado de honor de un número de la revista para adultos Penthouse e inseminando más de 120 vacas a un precio desorbitado. El toro más bravo del mundo murió de un ataque al corazón el 16 de Mayo del año 2000, a la edad de 12 años.


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Frank Selak cuenta con el honor de ser el hombre más desafortunado del mundo. Aunque él diga lo contrario, que quizás es el hombre más afortunado del mundo, la verdad es que su vida es más chunga que la del personaje más desafortunado de Ben Stiller.

La desgraciada historia de Frank empieza en 1962, cuando aún trabajaba de profesor de música. El tren en que viajaba de Sarajevo a Dubrovnik se salió de las vías y cayó a un gélido río. En ese accidente murieron 17 personas, pero Frank consiguió nadar hasta la orilla, con hipotermia y un brazo roto.

Tan solo un año después, y después de su mala experiencia con los trenes, Frank viaja de Zagreb a Rijeka en el medio más seguro del mundo: el avión. Durante el vuelo, una puerta del aparato sale literalmente volando, y la diferencia de presión del aire succiona a Frank fuera del avión. Instantes después se estrella el avión, matando a 19 personas. Frank es encontrado inconsciente sobre un montón de paja: solo tenía heridas leves.

Tras sus accidentes ferroviarios y aéreos, Frank se decide por el autobús, pero la mala suerte le sigue persiguiendo. En 1966, el autobús en que viajaba se sale de la carretera y cae a un río, matando a cuatro de sus pasajeros, pero no a Frank, que solo sufre algunas magulladuras y cortes.

Tres años después, en 1970, durante un viaje, su coche se incendia en marcha. Frank para rapidamente y huye corriendo, justo a tiempo para salvarse de la explosión que acaba destrozando su vehículo.

De nuevo en coche, en 1073, la gasolina del depósito se filtra a los conductos de ventilación y se incendia, con la consecuente llamarada emergiendo de donde supuestamente debería salir aire acondicionado. Resultado: Frank no sufre graves quemaduras, pero pierde casi todo su pelo y deja en el coche tufillo a cerdo chamuscado.

En 1995, casi 30 años tras su último accidente grave, Frank es atropellado por un autobús en Zagreb, pero solo sufre heridas leves.

En 1996, mientras conduce su enésimo coche por una carretera de montaña, al girar una curva se encuentra de frente con un camión, por lo que se sale de la carretera y salta del vehículo, agarrándose a un árbol. Su coche, explotó al fondo del barranco.

La historia parece tener un final feliz para el pobre Frank: en el año 2003 compra su primer boleto de lotería en 40 años, y gana más de 1 millón de dólares. Dice que entre otras cosas, quiere comprarse una lancha fueraborda… ¡Que dios lo pille confesado!

Fotografía de Fran Selak en la actualidad.

Vía Neatorama

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Los tunantes de Muchachada Nui siguen con su excelente sentido del humor en su programa de La 2 todos los miércoles a las 23:30h. En esta ocasión vemos un fidedigno retrato de cualquiera de nosotros cuando no funciona Internet… y es que ¿Para que utilizaban los ordenadores antes de Internet? ¡Misterio! ¡Intriga! ¡Dolor de barriga!

Vía Microsiervos

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8. Caída libre desde 4000 metros

Puede que de todas las cosas que quiero hacer antes de morir, esta sea la que más cerca me ponga de, precisamente, morir. Se que estadísticamente el salto en paracaídas, o parapente, es más seguro que ir en coche, pero la idea de saltar desde 4000 metros de altura con una tela de colores fluorescentes como única protección me resulta aterradora… y fascinante.

La sensación de ver tierra firme desde esa altura, sin la seguridad de un avión bajo mis pies, debe provocar una descarga de adrenalina tremenda. Durante la caída libre se alcanzan los 200 km/h, aunque una vez a velocidad terminal, la ausencia de aceleración y las enormes distancias provocan la sensación de estar flotando, y no cayendo.

De todos las cosas que quiero hacer antes de morir, esta será la próxima en ser realizada, pues ya tengo reserva para saltar el próximo verano en Empuriabrava, una de las mecas de la caída libre en España.

Atención a este chalado, Travis Pastrana, que ha saltado de una avioneta sin paracaídas: solamente llevaba unos shorts y un Red Bull en la mano: Link.

La lista se va completando:

10. Un safari en globo por África

9. Desconectar del mundo en una isla del Pacífico

8. Caída libre desde 4000 metros

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