Hoy he pinchado. Esta mañana, cuando ya estaba a puntito de llegar al trabajo, un motorista me ha avisado de que tenía la rueda delantera derecha pinchada. Lo primero que he pensado es “Ya esta, este es el ladrón del que me han avisado tantos emails”, pero no, porque el buen hombre se ha ido tal como ha venido.
Total, que aparco, y efectivamente, el neumático pinchado, soltando aire con un terrible siseo que a mi me sonaba más bien a monedas cayendo una tras otra, en previsión de la astillada que me espera en el taller. Y esto me ha hecho recordar que hace un par de años se me pincharon misteriosamente las dos ruedas de atrás, y hace unos cuantos años más se me pinchó otra del coche de mi madre… ¡Y todas ellas por clavos!
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Por lo visto es muy habitual, encontrarse un clavo en el neumático, pero no un clavito, sino un pedazo de clavo de
El caso es que a día de hoy nadie me ha sabido proporcionar una respuesta mas o menos verosímil de porque hay tantos casos de pinchazo por clavo, salvo aquella leyenda urbana que cuenta que los malignos dueños de talleres mecánicos se dedican a clavarlos en las ruedas de los coches aparcados, durante la noche, para asegurarse la clientela. ¿Será verdad? Una cosa es segura, a mi si que me la van a clavar esta tarde…















