El lunes vi, por fin, el primer episodio de la tercera temporada de True Blood. La serie, pese a ser un poco adolescente, me tiene muy pillado. Digamos que en el escalón de series recientes, primero estaría Battlestar Galactica (Dios la tenga en su gloria), Lost, Dexter y luego, en el siguiente escalón, Sookie y su Vampire Bill. La segunda temporada fué excelente, y después de muchos meses por fin ha vuelto, de forma muy inteligente diría yo: dejando atrás todo el hype de Lost, V y Flashforward.
¿Que tiene True Blood? Pues basicamente vampiros, pero vampiros guays, que se enfadan y se dan ostias finas, no como los ultra gayers de Crepúsculo. Ah, y mucha teta, no hay mujer que salga en la serie que se libre de mostrar sus atributos a la audiencia. Eso está bien. Luego está el rollo redneck pueblerino, que siempre me ha parecido una de las sub-sociedades más felices de Estados Unidos, con sus pantanos, sus coches destartalados, sus calaveras de cocodrilo en el recibidor de casa y las camareras cachondas en los bares. En fin, que me alegro de que True Blood haya vuelto, y parece que a Snoop Dog también le gusta.
“Come on Sookie, read my mind, you’ll get wet”
Menudo cerdete.





















