La semana pasada, Manu me pasó un interesante meme en el que debo escribir los 5 momentos más memorables de mi vida relacionados con videojuegos. Durante mi vida he tenido una estrecha relación con los ellos: como hobby durante mi infancia y adolescencia, como profesión (y aún hobby) de mayor. Me cuesta mucho elegir solo 5… ¡Pero ahí van!
1. Golden Axe y mis domingos de insomnio
Uno de los primeros recuerdos que tengo cuando pienso en videojuegos se remonta a mi tierna infancia: Era domingo, y como otros muchos fines de semana estaba pasando un rato en casa de mi amigo Ivan. Él, afortunado, tenía un Commodore 64 (de los de cintas de cassette), y me enseñó su nuevo juego: Golden Axe. La visión de un tio medio desnudo peganzo hachazos y matando gente me encantó, pero me puso tan nervioso que esa noche no pude dormir. A partir de ese día, durante varias semanas, asocié los domingos al insomnio… y el drama familiar estaba servido.

2. Objetivo: Super Nintendo
Se acercaban las navidades de 1992, y el producto estrella era el Cerebro de la Bestia: La Super Nintendo… ¡y yo no iba a tenerla! Mis padres me dijeron que no podía ser, y me vi obligado a usar técnicas sucias de persuasión. Empecé a actuar raro: iba todo el día cabizbajo, cuando veía un anuncio de SNES en la tele perdía el control, y cuando me ponía delante de un papel dibujaba una Super Nintendo. Todo estaba planeado, y debí asustar bastante a mis padres, porque se gastaron sus 42.000 pesetas en comprarme la consola, con Super Mario World y Street Fighter 2.

3. Full Life
El instituto fué un auténtico suplicio para mi. Tardé 6 años en salir de ese centro de detención de mentes… pero por suerte había cosas bonitas durante esos años. Una de ellas fué Half Life. El primero. Darnie me enseñó el juego en su casa, y automaticamente me gasté todo el dinero que había ahorrado como camarero para comprarme una tarjeta gráfica Riva TNT2 Ultra. Necesitaba jugar a Half Life. El juego me obsesionó, y recuerdo estar en clase de mates dibujando de memoria los mapas del juego y planificando las mejores estrategias. El mejor juego de mi vida, namber güan sin dudarlo.
4. Mi primer análisis
Cuando tenía 17 años, mi primo Alex me explicó que estaba poniendo en marcha una página web con unos amigos, sobre videojuegos, y me ofreció colaborar. Se trataba de Canaljuegos, y hablo del año 2000. Para empezar, hice un artículo que aún está online: la Review de Blade Edge of Darkness. Le puse más esmero que a cualquier trabajo del instituto, e incluso pedí ayuda a mi amigo Alberto para hacer buenas capturas de pantalla. Recuerdo como me alucinaba la idea de que 5.000 personas hubieran leído mi texto en unos pocos días… y ese fué mi inicio en el mundo del periodismo de videojuegos, que dura hasta el día de hoy.

5. Vicio bajo cero
Conforme me he ido haciendo viejuno, mi capacidad para perder la cabeza por un juego ha ido disminuyendo… pero de vez en cuando aún me sucede. Tal es el caso del primer Gears of War. En Diciembre de 2006, cuando el juego salió a la venta, me fuí 5 días con los amigos a los Alpes. Nos llevamos una Xbox 360, con su fuente de alimentación de 32 Kg, y un solo juego: Gears of War. Jugamos horas, horas y horas en una tele de 14″ CRT, y no entiendo como no fundimos la consola, porque los días de tormenta (que los hubo) igual se tiró funcionando 15 horas seguidas. Recuerdo ese viaje como algo genial, y cuando he probado Gears of War 2 recientemente, he tenido Flashbacks al pequeño apartamento de Deux Alps.













