Asombroso el documento con el que me he topado hoy en mis buceos por la red de redes: Ortega Cano en sus años mozos, protagonizando una película de artes marciales, de esas tan malas que pasan a la historia por lo lamentables que son. No me negaréis que el bueno se parece a Ortega Cano, y digo bueno porque es el otro el que muere de forma horripilante mientras suelta todo tipo de sonidos guturales, como el dios de los malos manda.
La escena, que bien podría competir con la de Shark Attack 3 como la muerte más ridícula de la historia del cine, pertenece a la casposa película Undefeatable, de 1994. En ella vemos a dos musculosos sujetos y a una poco agraciada damisela en acción: sus ataques tienen la misma flexibilidad e improvisación que los movimientos de un robot de la fábrica Seat.





